
Ideado bajo el título de Romance Down, cambiado luego al definitivo One Piece (Wan Pisu en el original) el manga nos cuenta la historia de un joven, Monkey D. Luffy, cuyo sueño es convertirse en el Rey de los Piratas (Kaizoku Ou) obteniendo el legendario tesoro de Gol D. Roger (anterior Rey de los Piratas): el One Piece. Para ello Luffy cuenta con su porpio poder especial: es un hombre de goma capaz de estirarse y moldearse a voluntad, gracias a los poderes obtenidos al comerse la nuez de belcebú (Akuma no Mi) llamada Gomu Gomu no Mi.
Una vez llegó a rozar la mayoría de edad, Luffy salió de su pueblo, Villa Fucsia, y comenzó a buscar camaradas, nakamas, para formar su tripulación. Y vaya que si los encontró. Primero se hizo amigo del legedario cazador de piratas, Roronoa Zoro, al que salvó de morir de hambre a manos de los Marines. Luego fichó a la ladrona Nami, de trágico pasado y excelentes dotes para la navegación, a la que siguieron el mentiroso tirador Usopp y el cocinero Sanji, que sólo lucha con las piernas para proteger sus manos.
Con este grupo, Luffy se lanzó a buscar el One Piece en el mar conocido como Grand Line, donde ha corrido infinidad de aventuras y, por supuesto, ha fichado a nuevos nakamas con los que segir ampliando su tripulación (Tony Tony Chopper, Nico Robin, Franky). Y aquí es donde entra la cuestión. En ningún momento el manga de Oda se ha vuelto pesado o aburrido. Ese es el gran logro.
No solo mezcla con gran habilidad varias tramas pequeñas e historias personales de los personajes con las tres o cuatro grandes tramas que ha seguido el manga desde el principio, sino que ha conseguido crear personajes carismáticos, definidos y complejos, y después de tantos años el manga conserva todavía tantos misteros sin revelar que incluso el más fiel de los lectores tiene siempre ganas de saber un poco más.
Oda declaró incluso que tenía pensado desde hace años un final para One Piece, pero que se lo pasa tan bien creando su historia y contando las aventuras de sus personajes que no piensa en acabarlo hasta que no le dé la gana, hablando en plata. O hasta que la gente se aburra claro. De momento no parece que vaya a pasar ni lo uno ni lo otro, y los fans están de enhorabuena. Y con razón.

